Un colectivo de estudiantes del proyecto arroyos de Barranquilla, visitó el pasado 17 de Julio las instalaciones de la Aduana con el fin de gestionar la continuidad de la investigación bibliográfica que alumnos pioneros de este programa iniciaron en el Archivo Histórico.

Durante la primera fase, los estudiantes fundadores, consultaron diferentes registros de prensa y documentaron los eventos relacionados con la problemática de los arroyos de Barranquilla, desde inicios del siglo pasado hasta el año 1980.

Para la segunda etapa, en la que se tiene programado sistematizar la información hasta el año 2000, se espera contar nuevamente con el apoyo de la administración de la aduana y el acompañamiento del coordinador procesos técnicos del archivo historico del atlántico Helkin Nuñez. Algunos avances de este estudio pueden consultarse en esta página web, en la opción "Historia", en dos secciones, el obituario de los arroyos y en el artículo “Al rescate de la memoria histórica de los arroyos”



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Por: Equipo Investigativo IED Marco Fidel Suárez.
Trabajo realizado y documentado en el Archivo Histórico de la Aduana
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Los arroyos de Barranquilla han existido desde siempre y a través de la historia, se han vinculado con el desarrollo urbanístico de la ciudad. De acuerdo con la tradición recogida por Domingo Malabeth, se da por sentado que para la época del nacimiento de la ciudad las barrancas en que se estableció estaban separadas por arroyos poderosos que bajaban las aguas de la sierra del noroeste y las de los altos areniscos del viejo camino de Soledad, hacia una gran ciénaga espaciosa, comunicada con el río [1].

La ciénaga, que tenía su borde occidental en lo que hoy es la plaza de Bolívar y con anchura probable desde la carrera del Cuartel, hasta más allá de la plaza de la Tenería, recibía tributo del extinguido caño de Soledad y era una especie de lago que tenía gran caudal de aguas profundas, había sido primero parte del mar y antes de la formación del terreno conocido hoy como La Loma, era parte del Río Magdalena. Cuando La Loma, completó su formación, quedó siendo un brazo del río que recibía sus aguas en cercanías de Ponedera para arrojarlo otra vez al río por el caño de la tablaza.[2]

Mercado de Granos-Caño de la Tablaza


Las tierras altas del occidente, y parte de las del suroeste vertían sus aguas a la ciénaga, a través de un gran arroyo que bajaba por el callejón de Progreso, cruzando por la Calle Ancha ( llamada así por el arroyo que se formaba en su centro) hasta la laguna. La existencia de la ciénaga, explica la forma irregular de los callejones formados en la banda oriental de la Calle del Comercio y la banda occidental de la Calle Real.

Los arroyos también han tenido que ver con la movilidad de sus habitantes, la comunicación con las poblaciones vecinas y especialmente, con la creación de algunos caños. En un escrito publicado en 1872 se afirma:

... hacia el año 1687, cuando aún no se había formado la faja de terreno conocida hoy como Barranquillita, la ciénaga fue parte de la ribera occidental del Río Magdalena... Cuando los depósitos de aluvión al solidificarse formaron La Loma, no quedaron caños de comunicación con el río en frente de la ciudad; apenas había algunas vertientes o desagües naturales, formados por la presión de las aguas en las épocas de creciente, cuyos nombres no ha conservado la tradición. Por consiguiente, la acción natural de las aguas, no interrumpida o trastornada por ninguna corriente transversal, tendía siempre a profundizar su cauce, ganando fuerzas en cada invierno, para volver a arrojar al río los objetos flotantes que éste introducía desde las cercanías de Ponedera. Las necesidades del tráfico hicieron sin duda que los pueblos de la ribera occidental, aprovechando esas mismas vertientes, establecieran una comunicación regular por el cañón de Arriba, el de los Tramposos, el de Trupillos y el que conducía a otros pueblos de la provincia. La desviación del río en el curso de muchos años fue impulsada en épocas de sequía por las enorme cantidades de arena, de escombros y de basuras que ha venido arrastrando las aguas pluviales en su atropellado descenso por el plano inclinado de la población"[3].

Si bien en la época colonial la comunicación entre las diferentes poblaciones no era problema, por el buen estado en que ordinariamente se encontraban los caminos, y por la poca distancia, que separaba cada población[4], las inundaciones y la formación de grandes arroyos ya impedía la movilidad de las personas.

"El camino de Sabanilla a Soledad y Sabanalarga es provincial por su naturaleza. Los nueve arroyos que lo cruzan permanecen sin agua en el verano; pero en el invierno suelen crecer algunas veces, hasta el punto de impedirse el paso en algunos de ellos. Este obstáculo con frecuencia desaparece al cabo de una hora y no faltan ocasiones en que han llegado a durar hasta por seis horas en los arroyos de más consideración. En el que existe entre esta ciudad y Sabanilla hay un puente, el cual necesita de baranda. Los demás no tienen puentes y es necesario que se destine una suma para construirlos, pues es conveniente que en todo tiempo pueda transitarse, mucho más cuando por el expresado camino pasan diariamente más de cien personas"[5].

No existe información sobre los efectos de los arroyos en el periodo republicano, pero de acuerdo con la hipótesis que promueve el núcleo original de Barranquilla, entre el Paseo Bolívar y la Calle del Comercio, los primeros habitantes de este sector, tuvieron muy seguramente que enfrentar las corrientes de los arroyos Hospital, La Paz, Bolívar, entre otros.

Probablemente en sus inicios, cuando las calles y avenidas no habían entrado en proceso de pavimentación, la problemática de los arroyos, no constituía un problema grave, puesto que en su recorrido, las aguas pluviales escurrían sobre el terreno natural, siendo “desgastados” por un proceso de infiltración que repercutía en la disminución de su caudal y turbulencia.

A comienzos del siglo XX, cuando comenzaba la expansión urbana, aparecieron las primeras quejas de los pobladores con dificultades para trasladarse de un lugar a otro:

Encontré las mismas calles que conociera en mi niñez y en mi primera juventud, sin pavimento, a no ser la arena blanca y gruesa que en la estación de las brisas azotaba al transeúnte, llenando de polvo los muebles, y en el periodo de lluvia convertíanse en ríos que era imposible atravesar a pie y hacían peligroso el tráfico de los vehículos de rueda".[6] La ciudad está plagada de nubes de arena y polvo durante cuatro a seis meses de la estación seca, y con lodo y verdaderos ríos de agua en las calles durante el periodo de lluvias.[7]

Aún en 1916, se escuchaban voces de protesta, un periódico de la ciudad manifestaba que los andenes eran tan bajos, que las corrientes de agua producida por los aguaceros se introducían en las casas, almacenes, edificios y hoteles. Tal fue el caso del Hotel Colombia que tuvo que ser reparado en muchas ocasiones por quedar averiado como consecuencia de las continuas lluvias que azotaba al país. [8]

Buscando una solución al problema, el Concejo Municipal autorizó a la Junta de Fomento Municipal, encargada del embellecimiento de la ciudad para que contratara los servicios de una firma extranjera que estudiara la nivelación, desagües y pavimentación de las vías. [9]

Hacia el año 1920, cuando la ciudad contaba con 74.358 habitantes y una área urbanizada de 300 hectáreas, la Casa R.W. Herbard&Company Inc. de Nueva York, presentó al Concejo Municipal una propuesta de pavimentación y un programa de alcantarillado pluvial valorado en $ 258.316[10]. La propuesta del alcantarillado pluvial, no se desarrolló porque el municipio atravesaba por una difícil situación económica. Años más tarde, comenzó el proceso de pavimentación, se incrementó la construcción de viviendas, se fue impermeabilizando la superficie con pavimento rígido y lo más grave, no se conservaron los cauces naturales de los arroyos.

En 1957, cuando la apropiación del espacio público ya era un problema difícil para la ciudad[11], la Compañía Town Planning Collaborative, establece el Primer Plan Regulador de la ciudad, con base en la Ley 88 de 1947 . En dicho plan recomienda la canalización de algunos arroyos. El proyecto pretendía reordenar el espacio físico y evitar en los sucesivo el caos urbano. Como todo proyecto, estaba sujeto a los intereses políticos del momento, y encontró poca receptividad. Aunque se aminoró el desorden, el programa no solucionó en toda su dimensión el problema[12]. El proyecto no se concretó por los costos de las soluciones propuestas. A partir de aquí, ha sido esta la razón, para rechazar o posponer todas las soluciones integrales o puntuales que en materia de arroyo se presentaron.

En los años siguientes se realizaron varios estudios pero como siempre la carencia de recursos económicos no permitió ejecutarlos, a finales de la década del 50 y principios del 60, estudios e informes realizados por Greeley and Hansen de Chicago, consultores de las Empresas Públicas Municipales, se limitaron a solucionar el sistema de Acueducto y Alcantarillado Sanitario.

Ante la imposibilidad de darle paso a soluciones integrales, comenzaron a ejecutarse trabajos puntuales, en los arroyos más peligrosos. En septiembre de 1962, se inaugura la primera etapa de canalización del arroyo Rebolo Las Empresas Públicas Municipales proponen en la década del 60 y 70 algunos estudios para solucionar la problemática del arroyo Felicidad. En 1964, La AID, Agencia Internacional de Desarrollo, anuncia que financiará un estudio para el alcantarillado pluvial.[13]

El proceso de desarrollo continuó y las urbanizaciones e invasiones crecieron aceleradamente. Se incrementó la impermeabilización y se disminuyó la absorción de la superficie con la construcción de viviendas y vías en concreto, se modificaron aún más los cauces naturales y se estableció un sistema de drenaje superficial por las calles de la ciudad.

En 1975, se presentó un estudio técnico-económico por parte de la firma Senior&Viana y Paternostro y Medina "CONASTEC", con un costo estimado en $1.789.692.000[14], para solucionar la problemática de los arroyos de Felicidad, La Paz, Bolívar y Hospital. De nuevo el proyecto fue rechazado por el elevado costo. En este mismo año, el Ministerio de Obras Públicas, acomete la canalización del Arroyo Rebolo y el Country. Posteriormente se proponen varios estudios de factibilidad realizados por las Empresas Públicas Municipales y el Ministerio de Obras públicas para un sistema de alcantarillado pluvial basado en el enterramiento de grandes tubos de 4 a 5 metros de diámetro. Este proyecto se consideró irrealizable por los costos producidos por las tuberías, las excavaciones, rompimiento de concreto de las calles, relocalización de redes subterráneas de teléfono, gas, acueducto, alcantarillado, etc.

En 1982, los Ingenieros Arzuza[15], proponen cubrir en forma completa con canales invertidos de concreto estructural prefabricado, las calles y avenidas que sean cauces. La nueva cubierta sería la plataforma para el tráfico vehicular y simultáneamente la tapa de un canal cerrado para aguas lluvias, que se conecta con los demás canales cerrados de la ciudad[16].

El Ingeniero H. Heilbron presentó a la ciudad una solución que consiste en la captación de las aguas de escorrentía que bajan por los arroyos por medio de un túnel principal y dos auxiliares, evitando que las aguas ingresen al Distrito central de la ciudad[17].

En 1987, se realizó el Estudio de Drenaje Urbano para Barranquilla, a cargo de la Agencia de Cooperación Internacional de la Misión Japonesa, JICA.

Durante varios meses estuvo en Barranquilla un grupo de profesionales y técnicos japoneses que estudiaron la situación financiera, los servicios públicos y, especialmente, el tráfico de la ciudad (los arroyos de aguas lluvias impresionaron notablemente a la misión). Como resultado de su trabajo presentaron dos planes a consideración del municipio y su área metropolitana: un Plan Maestro de Transporte y un Estudio de Factibilidad para el Distrito de Barranquilla.[18]

El estudio de la Misión Japonesa fue uno de los más completos acerca de la problemática de los arroyos, y estableció que la solución integral y definitiva, no era otra, que la construcción de un alcantarillado pluvial. El resultado ya era conocido: la solución integral es costosísima. La solución planteada por la Misión, se basaba en adelantar la canalización de los arroyos que se desarrollan por las vías de la ciudad, en tanto que para los arroyos de la zona sur-occidental, el plan contempló otras medidas encaminadas a controlar las inundaciones.

La Misión Japonesa, hizo algunas recomendaciones tendientes a atenuar los efectos de los arroyos. Entre las recomendaciones, que por cierto, no han sido desarrolladas con suficiencia, están la de instalar cunetas a ambos lados de la vía, canalizar las vías colectoras principales (box culverts), combinación de los dos casos anteriores, e instalación de drenaje en futuros planes de mejoramiento. Se sugirió también establecer soluciones en las vías más importantes, en lo sitios críticos de mayor afluencia de agua, de acuerdo con la movilidad de la población, en sentido este - oeste, o viceversa, dentro de estos "puntos críticos" estarían las carreras 21, 38, 46, 51B y 54; y las calles 47, 45, 17 y 84.

También se planteó la posibilidad de construir reservorios de agua, para disminuir los volúmenes de escorrentía y facilitar el tránsito de los vehículos y peatones. Los reservorios podrían construirse en lugares cercanos a parques, a fin de extraer esta agua mediante tuberías subterráneas para riego de los mismos. En 1994, el Gobierno Municipal a través del alcalde Bernardo Hoyos, presentó una propuesta al gobierno canadiense con el objetivo de que este país realizara en Barranquilla el alcantarillado pluvial que se necesitaba[19]. La propuesta fue rechazada.

Uno de las sugerencias más recientes, es el Estudio de Factibilidad y Diseño de Soluciones al Drenaje Pluvial de la ciudad de Barranquilla, presentada en marzo de 1997, por Fonade-Hidroestudios S.A y ConCEP Ltda. La propuesta se basa en medidas estructurales y medidas no estructurales con las cuales se busca prevenir el avance del problema en el futuro. La nueva propuesta se aleja de las anteriores en el sentido que para la vertiente oriental, la solución busca solucionar las consecuencias de las carencia de alcantarillado pluvial, sin dar énfasis a la construcción, parcial o total de un sistema convencional, atacando la principal consecuencia cual es la parálisis que se genera en la ciudad.

Por lo visto en el desarrollo histórico anterior, no se ha escatimado esfuerzos para financiar estudios tendientes a solucionar el problema de los arroyos, sin embargo, las obras no se ejecutan. El número de arroyos canalizados en casi 100 años de expansión urbana es irrisorio y mientras no haya proyectos concretos, todas las iniciativas de solución estarán sujetas al fracaso por la razón de siempre: no hay recursos para ejecutarlas.

Es lógico suponer entonces, que en el futuro, los arroyos seguirán deteriorando la infraestructura urbanística de la ciudad, paralizando e interrumpiendo el tráfico, provocando accidentes y enfermedades, deteriorando la salud publica y generando daños ambientales, paralizando las actividades portuarias, deteriorando la imagen de la ciudad y disminuyendo la calidad de vida de sus habitantes.

Asistiremos de nuevo durante cada temporada invernal al espectáculo de arroyos desbordados, casas destruidas, autos arrastrados, deslizamientos en el sur-occidente y pérdida de vidas humanas. El Comité de Atención y Prevención de Desastres seguirá movilizándose al día siguiente de la tragedia y entregará bultos de arena para impedir que las aguas se sigan metiendo en las casas, mercados y colchonetas para que los damnificados puedan comer y dormir, y de nuevo, escucharemos el discurso de la lluvia extraordinaria y la carencia de recursos para emprender una solución integral al problema de los arroyos.


Fuentes:

  1. MALABETH CASTAÑEDA, Domingo "Fundación de Barranquilla". En VERGARA, José Ramón y BAENA, Fernando, Barranquilla: Su pasado y su presente. 2da edición, Barranquilla, Banco Dugand, 1946, p 4.
  2. MALABETH CASTAÑEDA, Domingo "Fundación de Barranquilla". op. cit., p.8
  3. MALABETH CASTAÑEDA, Domingo "Fundación de Barranquilla". op. cit., p.5
  4. MALABETH CASTAÑEDA, Domingo "Fundación de Barranquilla". op. cit., p.52
  5. MALABETH CASTAÑEDA, Domingo "Fundación de Barranquilla". op. cit., p.52
  6. PALACIOS Julio H. , Historia de mi vida, 1992, CITADO por Prensa, desarrollo urbano y político de Barranquilla, Jaime Alvarez Llanos y Otros, Fondo de publicaciones Uniatlántico, p. 38 año 2000
  7. ESTUDIO DE RENOVACION Y REMODELACION URBANA DEL BARRIO ABAJO, ICT, 1975. Aquí se hace referencia al estudio realizado por la Casa Herbard.
  8. PALACIOS Julio H., 1992, Op. cit p. 38 año 2000
  9. ARTESANÍAS DE BARRANQUILLA, 1892, Trabajo inédito. CITADO por Prensa, desarrollo urbano y político de Barranquilla, Jaime Alvarez Llanos y Otros, Fondo de publicaciones Uniatlántico, Artículo: Expansión urbana y servicios públicos 1880-1920. p. 38 año 2000
  10. DIARIO DEL COMERCIO, Barranquilla octubre 2 de 1925;Archivo de la Familia Roca, Citado en Historia de Barranquilla, Jorge Villalón Donoso, Artículo Barranquilla 1920-1930: Expansión Urbana, Ever González Chamorrro, Ediciones UNINORTE, p. 209, Año 2000
  11. UJUETA Christian, autor del Plan Regulador de 1957, Citado en Cuadernos Regionales No. 4, Lola Salcedo Castañeda, P. 15
  12. VILLALÓN DONOSO, Jorge, Historia de Barranquilla, Artículo Barranquilla 1920-1930: Expansión Urbana, Ever González Chamorrro, Ediciones UNINORTE, p. 215, Año 2000.>
  13. Diarios del Caribe, Septiembre 28 de 1962, p. 3 y Octubre 29 de 1964, p. 1.
  14. REVISTA SIDA, Los Arroyos de Barranquilla, Año VIII, No. 17, pp 33-43 Julio-Octubre 1983
  15. ARZUZA R, Arzuza E. y Arzuza A. Solución a los problemas de los arroyos de Barranquilla, 1992. Revista SIDA, Año VIII, No. 17, pp 33-43
  16. Estudio de factibilidad y diseño de drenaje pluvial de la ciudad de Barranquilla, FONADE-Hidroestudios S.A., p. 4-2
  17. Estudio de factibilidad y diseño de drenaje pluvial de la ciudad de Barranquilla, Op. cit. p. 4-2
  18. CUADERNOS REGIONALES No. 4, Lola Salcedo Castañeda, P. 23
  19. REVISTA BARRANQUILLA POSITIVA, Pg. 36-37, 1994.
Publicado en Nosotros

Misión Japonesa

Expertos japoneses visitan la ciudad en 1987 y entregan el proyecto más completo que se haya realizado al respecto, basado en un completo estudio de drenaje urbano; fue así como la Agencia de Cooperación Internacional de la Misión Japonesa, Jica, presentó dos planes a consideración del Municipio, incorporando al área metropolitana: un Plan Maestro de Transporte y un Estudio de Factibilidad para el Distrito de Barranquilla. Este comprendía la solución al problema del alcantarillado pluvial, al igual que unas recomendaciones para instalación de cunetas, canalización de vías (box culverts), mejoramiento en los puntos críticos entre calles (17, 45, 47, 84) y carreras (21, 38, 46, 51B, 54).



Los arroyos de Barranquilla han existido desde siempre y a través de la historia, se han vinculado con el desarrollo urbanístico de la ciudad. De acuerdo con la tradición recogida por Domingo Malabeth, se da por sentado que para la época del nacimiento de la ciudad las barrancas en que se estableció estaban separadas por arroyos poderosos que bajaban las aguas de la sierra del noroeste y las de los altos areniscos del viejo camino de Soledad, hacia una gran ciénaga espaciosa, comunicada con el río.

José Ramón Vergara y BAENA, Fernando, Barranquilla: Su pasado y su presente.